Tu juego injusto

Tu juego injusto, el mío también,
ardiendo en llamas, sin dejar fe.
Las palabras que nunca dije
se queman hoy, y nadie las ve.

Me escondo en restos de mi voz,
en un suspiro, en un adiós.
Detrás del llanto, tras la mirada
que un día fue terca y hoy calla.

Imprudente, herida de ti,
juego a creer en lo que no oí.
Que mi papel sea en tu historia
tan breve y turbio como mi memoria.

Que en mi ruina, en mi querer,
en tu querer sin comprender,
se borre hasta la última huella
de esta alma que ardió por ella.

Del amor robado solo queda
mi desprecio.

Pero aun por encima de este dolor,

te doy las gracias,

mi amor.

Sevilla, 26-08-2001

Natalia Koer

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