Recomiendo

¿Sirve de algo un día Internacional de la Salud Mental? -o cualquier otro-

No tengo nada más que añadir, solo difundir…

FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTO

Ayer me abordó por la calle una señora llorando que decía estar perdida, aunque constaté que se hallaba atrapada en un baño de angustia que la desorientaba. Era bajita y rechoncha. Su aspecto desaliñado, pelo descuidado, vestimenta que cumplía únicamente su función, sin ningún cuidado estético ni ornamento. Estábamos en un barrio de la zona alta de Barcelona y su presencia incomodaba e incordiaba a los que por allí pasaban,  que se apartaban indiferentes ante una persona desubicada en todos los sentidos.

Intentaba explicarme qué le sucedía pero su sollozo hipado se lo impedía. Le indiqué que se calmara que no iba a marcharme. Tras unos minutos me dio detallada y confusa cuenta de su situación: en aquel momento necesitaba quince euros para volver al pueblo del que provenía, tras una visita médica, porque había perdido la tarjeta dorada que le daba acceso gratuito al tren.

Fui a buscar cambio…

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Sorteos Instagram

¡Sorteo Instagram!

Hola mis amig@s!

¡Gracias por apoyarme, por leerme y por estar ahí!

Me gustaría compartir con vosotros la información sobre el Sorteo que he organizado en mi cuenta del instagram, ya que creo que muchos de vosotros también tenéis cuenta en Instagram os invito a participar.

Me di a mi misma la palabra que llegando a 250 seguidores haría un #sorteolibro!

Y ¡ATENCIÓN! Esto es un Sorteo Nacional.

PREMIO: un libro del que ya os hablé varias veces. Un libro fantástico de una escritora maravillosa por muchas razones y una persona increíble. Me siento muy afortunada de haberla conocido en persona y de ser su alumna!

Hablo del libro “Música entre las piedras”.  Si, ese será el #premio y además con la dedicatoria de la autora!

Las instrucciones del sorteo lo podréis leer en mi perfil de Instagram.

Y aqui dejo las BASES LEGALES DEL  SORTEO:

1. ORGANIZADOR Y OBJETO DEL CONCURSO.
@natalikoer.writer  llevará a cabo un sorteo dirigido a toda persona con
un perfil real con la finalidad de fomentar la participación e interacción en el perfil de Instagram de las cuentas  @natalikoer.writer y @shiaarbulu  por parte de sus usuarios.

2. ÁMBITO TERRITORIAL Y DE APLICACIÓN DE LA PROMOCIÓN.
El SORTEO tendrá carácter nacional y  se llevará a cabo dentro del Estado de España, exclusivamente para usuarios de Instagram que acepten las presentes bases legales mediante participación en el mismo y cumplan los requisitos descritos en estas bases.

3. ÁMBITO TEMPORAL.
El periodo de participación en el SORTEO comenzará el día de publicación del post (24 de octubre de 2019)  y finalizará el día 30 de octubre de 2019 a las 20:00 hora peninsular  de España con el sorteo entre los participantes.

4. COMUNICACIÓN DEL CONCURSO.
El presente SORTEO se comunicará durante el período en el que se encuentre activo a través de las cuentas de Instagram organizadoras.

5. REQUISITOS, PERSONAS LEGITIMADAS Y MECÁNICA DEL CONCURSO.
Para concursar, los participantes deberán:
5.1. Ser seguidor/a de las cuentas de Instagram : @natalikoer.writer y @shiaarbulu  y
seguir siéndolo hasta al menos la fecha de realización del sorteo.
Serán “seguidores” aquellas personas que tengan presionada la casilla “Seguir” de cada una de las cuentas de Instagram mencionadas.

5.2. Comentar la foto del SORTEO y etiquetar a dos personas, quedando excluidos aquellos comentarios con las mismas cuentas etiquetadas.

5.3. Se podrá comentar tantas veces como quiera, siempre y cuando cumpla con los requisitos anteriores. Quedarán excluidos todos aquellos comentarios con
etiquetas repetidas de las mismas cuentas.

5.4. Los datos personales del ganador@, deben ser facilitados a los organizadores antes del 6 de octubre de 2019, mediante los canales facilitados. Una vez pasada esta fecha, dichos datos no podrán ser modificados.

5.5. El sorteo se realizará 30 de octubre a las 20:00h horas peninsular en un video emitido en directo a través de la cuenta @nataliakoer.writer y utilizando la plataforma https://www.easypromosapp.com

6. PREMIO
El usuari@ ganad@r, será premiad@ con un  libro “Música entre las piedras” con la dedicatoria de la autora y gastos de envío serán cubiertos por la cuenta organizadora.

7. COMUNICACIÓN DE LOS GANADORES
Una vez finalizado el sorteo, se informará a la persona ganadora a través de la aplicación de la cuenta de Instagram de la organizadora.  Si transcurridos 6 días desde la finalización del concurso no se logra contactar con el ganador, se asignará el premio al siguiente finalista.

8.- RESERVAS Y LIMITACIONES
La  organizadora se reserva la posibilidad de rechazar el registro de aquellos participantes cuyos datos no estén completos o sus participaciones no cumplan los requisitos para poder entrar en el concurso.

La organizadora se reserva el derecho a efectuar cambios que redunden en el buen fin del SORTEO, cuando concurra causa justa o motivos de fuerza mayor que impidan llevarlo a término en la forma descrita en estas bases.

9.- ACEPTACIÓN
La participación en el SORTEO implica, por sí misma, la aceptación de las presentes bases. La falta de esta aceptación por parte del participante comportará la exclusión de su participación del SORTEO.

Y aquí os dejo Sinopsis del libro

Alexander nace en un campo de refugiados durante la guerra de los Balcanes. Nace en el lado equivocado del mundo, sin patria, sin nombre, sin familia. A través de la vida de este niño desarraigado y su odisea por el mundo en busca de un hogar, nos sumergimos en el cáncer de nuestra sociedad: la violencia, las drogas, la prostitución y la explotación infantil. La suya es la historia de muchos niños que crecen y sobreviven en los rincones oscuros de nuestras ciudades.

Axel es un joven enigmático que solo sabe expresarse a través de la música. El único lugar en el que se siente completo es sobre un escenario donde consigue hacer magia con su música y emocionar a todo el que lo escucha. A pesar de su éxito, no consigue relacionarse con las personas que lo rodean y se pierde en el laberinto de su compleja personalidad. Cuando intenta escarbar en su pasado en busca de su identidad, descubrirá hasta qué punto el mal es capaz de dominar el mundo. En medio del laberinto conoce a una mujer singular que conseguirá traspasar sus muros. Quizás la respuesta está en amar a pesar de todo.

Y entre las piedras de la vida, la música se convierte en la vía de escape para filtrar el odio, el miedo y la violencia, convirtiendo el horror en algo hermoso y… rock’n’roll.

Relatos cortos

Cafe a solas

 Él llegaba como siempre, muy puntal, a las 8:30.

Se sentaba en la mesa de la esquina de la terraza del bar,  siempre dando la espalda a los demás, pedía un café solo y encendía un cigarrillo, a veces traía el periódico  pero  nunca lo leía.

Aquella mesa normalmente no se ocupaba a esas horas por su cercanía a la carretera y porque  la acera de al lado de la terraza era tan estrecha que las madres que solían pasar por ahí para llevar los niños al colegio, molestaban continuamente al quien estaba sentado en ella.

Pero allí estaba él, cada mañana, a las ocho y media, con su café solo, sin azúcar.

Las madres pasaban por delante de él, algunas con los carritos con los bebes y entonces, él dejaba el café, se levantaba y les ayudaba con el carro, muy amable pero callado y con la expresión muy seria e incluso distante que no daba lugar a ningún diálogo en aquel  momento.

Él tomaba su café dando unos pequeños sorbos, a veces giraba la cabeza para mirar a las personas que ocupaban las mesas cercanas, a veces saludaba a algunos. Era un bar de pueblo, muy pintoresco y muy ruidoso, todos se conocían… Pero él parecía ausente, no parecía ni del pueblo, siempre tan bien vestido, con traje,  muy repeinado… Aparentemente solo le interesaba su café, cuando levantaba su mano para acercar el cigarrillo a la boca, miraba de reojo el reloj de la muñeca, a veces se tocaba el nudo de la corbata, como si quisiera aflojarla.

Él esperaba…

Y  justo cuando daba el último sorbo, aparecía ella, a la que ansiaba  ver cada mañana, aunque él no entendía por qué,  pues, no era nada romántico.

Ella como siempre iba corriendo, tirando con una mano del carro con la peque y con otra del niño… A primera vista no tenía nada especial, se notaba que no era de aquí, al igual que él, parecía diferente de los demás, o por su manera de vestir, o por su manera de hablar con los hijos, o por lo rubia que era…

Él dejaba la taza nada más verla y se levantaba exactamente en el momento de  ella se acercarse a su mesa.

 Igual que con las demás le ayudaba pasar el bache apartando su silla, igual que con las demás estaba callado y distante. Sólo la expresión de sus ojos, de sus labios y la rapidez con la que se levantaba le traicionaban en su intento de esconderse tras su  impasible apariencia. Por un instante parecía hasta más joven, justo en ese momento cuando ella le daba las gracias mirándole directamente a los ojos. Le daba las gracias y seguía por su camino sin apenas pensar en él ni si quiera dando se cuenta que él se quedaba de pie mirando como ella se aleja.

Entonces, él llamaba al camarero, le indicaba con la mano que le había dejado las monedas al lado de la taza de café vacía y se marchaba.

Se marchaba, para volver al día siguiente.

Relatos

LIBERACIÓN DE MÓNICA

LIBERACIÓN DE MÓNICA. 

Levantó la mirada, dejó de escribir. ¿Un crujido? ¿Era eso lo que había escuchado? Estaba segura de haber cerrado bien las compuertas antes de bajar.  Le pareció haber escuchado unos pasos… El miedo en seco paralizó su cuerpo, el corazón dio un vuelco y la pluma se le cayó dejando una mancha enorme en el folio. Mónica no podía dejar de mirar a esta mancha creciente. “Si no fuera por el color azul, parecería a aquella mancha de sangre”, pensó intentando borrar de su mente el recuerdo… 

Al minuto siguiente el suspiro de alivio salió de su pecho Era Rubí, su gato que acababa de entrar al camarote y el cual en un segundo ya estaba encima de la mesa mirándole directamente a los ojos y restregándose contra la mano que de nuevo aguantaba la pluma. 

– ¿Cómo lo haces? – le preguntó – ¿Cómo consigues abrir la puerta, ¿eh? Eres muy oportuno, acaba de matar al malo…siii, hijo, los villanos no sobreviven, al menos en mis novelas no. ¡Ay! Mi viejo judío pelirrojo… 

Ella misma no sabía por qué le gustaba llamarlo así, y mientras sus dedos se hundían entre su largo pelo, estaba enormemente disfrutando de este momento de intimidad y ternura, aunque no podía evitar hacer a sí misma la pregunta de siempre ” ¿Por qué se sentía criada de este animal y a la vez estaba tan cómoda con este papel? ¿Por qué permitía mucho más al gato que a cualquier ser humano que intentaba acercarse a ella?” A él se le permitía estar en sus brazos, dormir con ella, aunque sea en los pies de la cama.  A él se le permitía estar en el escritorio cuando ella intentaba escribir, e incluso, cuando Rubí en un arrebato de hiperactividad y deseo de jugar le manchaba o rompía sus manuscritos, Mónica no se enfadaba.  

– Si que tienes razón, amigo mío, a la basura… ¡Es una mierda! – decía ella intentando encestar la bola de papel arrugado a la papelera.  

Solamente una cosa le provocaba algo parecido al enfado, cuando la foto de una chica de unos quince años se caía al suelo arrojada por la cola de Rubí. Era la foto de su hija. 

Mónica ya no se acoraba desde cuando no quería saber nada del mundo exterior, no se acordaba desde cuando la repulsión al hombre la llevó a vivir totalmente aislada en un barco y desde cuando su gato se convirtió en su único confidente.  

Bueno, antes, no hace mucho, también estaba Pilar, la psicóloga. Aunque ya ni ella misma sabía si le decía la verdad o estaba haciendo el papel de alguna de las protagonistas de sunovelas.  

Pilar afirmaba que las relaciones de Mónica con Rubí y con los personajes que tomaban vida en su cabeza, eran enfermizas y aunque estas afirmaciones la ponían demasiado nerviosa, seguía yendo a la consulta.  Acudía a aquellas sesiones de terapia pese a que dejó de creer hace mucho tiempo que Pilar era capaz de sacarla del pozo, en el que ella sin darse cuenta se metió.  Quizás, lo hacía porqué entonces Pilar era la única que todavía la unía con el pasado y que le ayudaba no perder la cordura del todo en el presente, o quizás, porqué necesitaba demostrar a esta mujer tan correcta en todo, tan calculadora y a la vez tan ingenua, que la verdad no estaba donde ésta se lo creía, que en realidad había más verdad en las historias de terror de Mónica por muy enrevesadas e increíbles que eran. 

Ella recordó la última sesión con Pilar…  

Dos semanas antes. 

Aquella sesión fue totalmente improvisada. Mónica había venido a la ciudad para comprar una medicina para el gato y llamó a la consulta para ver si podía ir esa misma tarde, tenía suficiente confianza para ello.  Nina le confirmó que Pilar tenía un hueco disponible para atenderla sobre la marcha y que ella se encargaba de avisar a la psicóloga. Nina era la secretaria de Pilar.  Era muy profesional y parecía que nunca se le escapaba ningún detalle.  En realidad, parecía más una hermana de Pilar y no su empleada, hasta físicamente eran casi idénticas. 

La consulta de Pilar no era grande pero confortable  y muy bien pensada.  Los muebles clásicos de roble,  una gran librería, toda la decoración trasmitía paz y harmonía.  Los clientes nunca se llegaban a ver,  pues la habitación donde la psicóloga recibía a los clientes tenía dos puertas: una de salida y otra de entrada, tal como salía un paciente, entraba otro, primero a la recepción y después al gabinete. Con una buena programación y control de la agenda nunca debían haber surgido  los imprevistos.   

Al menos hasta aquel día, el día que se torció todo,  por muchas medidas que se había tomado Pilar, Mónica pudo ver la visita anterior de la psicóloga.  

Ella llegó antes del tiempo. Nina estaba al teléfono cuando le abrió la puerta y nada más dejar entrar a Mónica le dijo: 

– Disculpa, ahora vuelvo, no te importa quedarte sola un momento, ¿verdad? 

Mónica ya se acomodó en el sofá y le asintió con la cabeza, no le apetecía hablar ni si quiera con Nina, aunque le caía bien. 

De repente Mónica se dio cuenta que la puerta del gabinete no estaba cerrada del todo… 

Sin pensárselo demasiado ella se levantó del sillón y se acercó. La curiosidad de la escritora superó a la educación.  

La voz de Pilar siempre era muy apacible, pero esta vez había algo más en ella, algo parecido a inseguridad, como si le costase encontrar las palabras, Mónica casi no llegaba a definir su murmullo. 

– Intente a recordar ¿cómo empezó todo? Le va ayuda a entender porqué lo hace… – por fin pudo distinguir una frase. 

– Ya le dije que no lo sé, ¡no lo sé! ¡No me acuerdo y me da igual! – le contesto una voz masculina, muy grave y agradable, parecía la voz de un cantante de ópera. 

Mónico se encogió de hombros, y antes de que su cerebro llegara a comprender, su cuerpo ya había reconocido al poseedor de esta voz. Por un momento le pareció que estaba desnuda y que no tenía piel, el dolor físico traspaso su cuerpo con tal fuerza que ella sentía descargas eléctricas con cada uno de sus nervios, el dolor la quemaba, no le dejaba respirar… seguía escuchando esa voz, y ya no sabía si lo estaba escuchando de verdad o sólo en su mente. 

– Usted no lo entiende y no lo va entender ¡jamás! – el hombre hablaba con una convicción absoluta –. Si Usted fuera capaz de sentir el placer que siento yo en este momento, en el momento de mirar a los ojos de mismísima muerte, ¡a lo mejor, entonces me comprendería! Me llaman loco por saber disfrutar, no… o no, es envidia, porque nadie es capaz de sent… ¡No! –  se interrumpió a si mismo –. No es eso… sino ¡Yo soy el único! ¡El elegido! Puedo y lo hago, cojo lo mío, ¡lo que me pertenece! Lo utilizo y… lo desecho –, le salió una carcajada… – Me quieren coger y meter a la cárcel o a un manicomio. Pero ni si quiera han podido demostrar mi culpa… ¿Y por qué, por qué lo quieren hacer? ¡Se supone que es por la justicia! Por favor, justicia. Nosotros, Usted y yo, sabemos que son chorradas para la chusma, una burla. Nooo, ellos… ¡Ellos simplemente no puedan aguantar que yo soy diferente! ¡Soy libre! –, terminó su monologo agotado por la propia exaltación. 

nica se acercó más la puerta entre abierta e intentó ver lo que pasaba dentro de la habitación. 

 Pilar estaba sentada en el sillón, con la espalda separada del respaldo, muy recta, con las manos en las rodillas y con la mirada totalmente ausente. Sígnea melena contrastaba con el color blanco de su piel, estaba más pálida de lo habitual, y sus ojos eran tan negros que no expresaban emoción alguna Sin embargo, Mónica que la conocía bastante, comprendió que Pilar estaba totalmente aturdida, parecía totalmente perdida e incluso asustada. El miedo se sentía en aquella habitación de tal manera que parecía haber posible cortarlo con un cuchillo. 

Mónica buscó con la mirada al hombre que acababa de escuchar… Él estaba de espalda a la puerta mirando por la ventana. Alto, fornido… Ella había reconocido su figura. Ya no quedaba ninguna duda, era él.  

Todavía incrédula, Mónica fue al baño, ya no quería escucharle más, le bastó con reconocerle.    

Se echo agua fría a la cara… Se estaba mirando al espejo y no se reconocía en este reflejo. Aquella mujer despeinada, con las raíces canosas no era ella.  Imposible que ella tuviera tantas arrugas y estos ojos tan tristes… Estaba estudiando su rostro con tanta ansia y tanta atención que parecía no haberse mirado al espejo desde hace años… 

– ¿Esta soy yo? – dijo en voz alta. Y seguía ya más tranquila –¿Qué vas a hacer querida?  Esto no es una de tus novelas, esto sí que es vida, vida real… ¡REAL! ¿Entiendes? ¿Y ahora qué?  

La mujer que la estaba mirando desde espejo no sabía que contestarle… 

Cinco minutos más tarde Mónica salió del baño y entró a la habitación, donde la estaba esperando psicóloga. 

– Hola, Mónica. ¿Cómo estás? – era evidente que la frase le salió forzosa, por algo había que empezar, pero no conseguía desconectar de la visita anterior y esto también era evidente. 

– Bueno, ¿lo quieres saber de verdad? ¿O solo por cortesía? Pues, no hace falta ser cumplida conmigo, ya lo sabes… ¡y hoy menos! – añadió Mónica observando la mano de Pilar que estaba tachando algo en su agenda con tal ímpetu que la punta del lápiz al final se rompió. 

– Hoy no , repitió. 

– ¿Y por qué hoy? ¿Qué ha pasado hoy? – por fin levantó la vista Pilar. 

– Pues, hoy hace seis años ya…que ella se había ido… 

– ¡¿Ella?! No se llamaba “ella”. No. Se llamaba Sara. ¡Sara era su nombre! Creo que ya va siendo hora de que la llames por su nombre, era tu hija, ¡por Dios! – de repente levantó la voz Pilar. 

– Tú no entiendes nada…– intentó interrumpirla Mónica. 

– No, no me digas esto, ya me habían dejado muy claro hoy que poco entiendo yo de la gente y quizás de la profesión. Pero tú no me digas esto, tú ya no eres solo mi clienta, casi te considero mi amiga . Pareció que estaba a punto de empezar a llorar, cogió el vaso de agua y empezó a beber con tantas ganas, que el agua rebosaba mojándole la camisa, pero a Pilar, siempre tan pulcra, parecía no importar eso  Mónica, han pasado seis años desde que tu hija murió. 

– ¡No murió! ¡No lo digas así! – gritó Mónica, –yo la encontré en mi propia casa, en su casa, donde se suponía que ella estaba segura. ¡Ha sido violada y asesinada! ¡Lo sabes! Y después… tú sabes que pasó después… Él está libre, no les sirvió mi testimonio, casi me llamaron loca por acusar a este hombre. Claro, ¿cómo podría ser él? Era imposible, tan bueno, tan importante, … aporta tanto a la ciudad… ¡Mierda! Todo es una mierda… yo les dije que lo vi, que lo escuché… pero nada… Estoy cansada…– terminó Mónica bajando la voz, –seis años, seis largos, interminables años, día tras día yo tengo que vivir con esto… y pensar, que si hubiera llegado treinta minutos antes, no hubiese pasado nada… Seis años estoy viviendo en una cárcel, ¿lo entiendes? Y esta condena no tiene fin…– terminó tragando sus lágrimas, no quería que Pilar la viera llorar, ahora no… 

– Mónica, cariño, ¿quién mejor que yo para comprenderte? – la voz de psicóloga se volvió a ser dulce y tranquilizante –. Quizás tu gato, aunque sabes que lo odio, reconozco, seguro que él te comprende… pero querida, tienes razón, son seis años, ¡seis años! Basta ya de torturarte, es hora de que salgas a fuera, tienes todo a tu alcance, ahora que tienes fama, dinero… ¡Vive, disfruta! Al menos intenta, es lo que hubiera querido Sara para ti… suena banal, lo sé, pero es la verdad. 

– Sara hubiera querido estar con su madre – rechistó Mónica. 

De repente Pilar se puso de pie y se acercó a Mónica, estaba furiosa. 

– ¿Sabes que te digo? Eres una cobarde, eso es lo que eres… 

– ¿Cómo? – Mónica levantó la mano, parecía que iba a dar una bofetada a Pilar, pero la psicóloga siguió totalmente exhausta pero incapaz de detenerse. 

– ¡Sí! ¡No eres capaz de vivir en un mundo real! ¡No eres capaz de bajar a tomar un puto café! Te inventas estas historias horribles, estos asesinatos sin sentido, te consumen, te aniquilan y te ganan tus propios miedos… no puedes tomar decisión y enfrentarte a ellos, ni si quiera lo intentas… Por eso tú eres una cobarde…  

– ¿Yo? ¡¿Yo?!… ¿Dime, tú sabes con quien tuviste la consulta anterior? – ahora Mónica se le acercó buscando su mirada. 

– Mónica… 

– ¡No, o no! ¡No me interrumpas! – parecía que le faltaba aire, estaba casi ahogada, pero seguía – ¿Tú sabes quién era? Veo, lo sabes… ¿Y qué vas a hacer? ¡Valiente! ¿Ah? Tú sí que eres valiente, ¿no? Él te acaba de confesar… ¡Yo sé¡Os escuché! 

 Mónica, no es tan fácil. Yo estaba segura que no era él, tú sabes…– intentó defenderse Pilar – hasta hoy… estaba segura… todo se puede arreglar… perdona por no confi 

Mónica no le dejo terminar. 

–¡No me digas! No es fácil… – le entró la risa – ¿perdona? – no paraba de reírse –¡Se puede arreglar!  Arreglar el ¿qué? ¿A caso me puedes devolver a mi hija? 

Mónica se acerco a la oreja de Pilar tan cerca que ésta sintió el aire caliente saliendo de la boca de la escritora que le estaba susurrando sus últimas frases, 

 Pues ¿sabes? ahora tú enfréntate a la verdad. Tú tampoco me creíste…  Yo solo te puedo preguntar ¿qué vas a hacer tú? ¿Serás una cobarde cómo yo?  

De repente Mónica se sintió absolutamente tranquila, la decisión que se estaba cuajando mientras duraba la bronca tomó por fin la forma definitiva. Ya desde la puerta de salida le dijo, 

 –¿Y yo?  Yo te voy hacer caso, dejaré de ser una cobarde, ahora lo veo todo tan claro. Haré lo que tengo que hacer. Bien, para empezar, me voy abajo a tomar ese famoso café. 

Ella ya no escuchó las últimas palabras de Pilar, ya no le importaba, sabía que no volvería hablar con ella.  

Casi chocando con la puerta de la cafetería, entró, pidió un café y se sentó al lado de la ventana, y por primera vez en seis años se sintió relajada y libre. 

En su cabeza se estaba formando un plan, un plan perfecto e impecable  

” ¿Como dijo él? ¿Que era el elegido?”  Bueno, quizás ella no era la Elegida, pero a partir de ahora su vida volvía a tener el sentido, ahora ella tenía un objetivo que cumplir… 

Y sólo una pregunta no le dejaba sentir la plenitud de satisfacción,    

”¿Por qué, por qué no lo había hecho antes?” 

Relatos

El encuentro

…Aquella mañana fue mundana y parecida a cualquiera de las miles anteriores, como si alguien las hubiera copiado sobre un papel de calco, con mucho cuidado y sin perder un solo detalle…

Al escuchar vibrar el móvil debajo de la almohada abrí los ojos. Al minuto me levanté intentando hacer los menos movimientos posibles, quité la manta con mucho cuidado y salí de puntillas de la habitación sin olvidar coger la ropa que preparé  la noche anterior, cerré la puerta del dormitorio poniendo el máximo esfuerzo para que crujiera lo menos posible, riñendo a mí mismo por no haber echado el aceite a las bisagras y jurando como siempre que sin falta lo haría. Me afeité lo más rápido posible, me vestí,  metí en el bolso los tápers con el desayuno y almuerzo que también los preparé a noche y por fin salí por la puerta.

Cada vez más, mis salidas al trabajo parecían huidas…

Mientras bajaba en el ascensor no podía evitar recordar  la tarde anterior…

Lo que pasó es que quise ayudar a mi mujer con la cena, no era complicado, íbamos a cenar una pizza casera, puse la verdura ya cortada por ella, la salsa y el queso  encima de la masa y la metí al horno. Con la conciencia tranquila de haber cumplido, me fui al salón hasta canturreando algo en voz  baja. Nada más ponerme cómodo en el sofá, entró ella.

-Pero, bueno, si acabo de poner bien la funda, y ya vienes tú y lo estropeas, ¡quita tus pies de aquí! La verdad, parezco vuestra esclava, todo el día detrás de vosotros…

Yo miré a la habitación, estaba impoluta… sentí nauseas, no era mi hogar sino un museo.

Mientras yo estaba pensando si busco los argumentos en mi defensa o paso del tema, la escuché de nuevo, esta vez era un chillido.

-¡Conchiles! ¿Pero qué has hecho? ¿Pero yo te lo he pedido? – ella estaba en la cocina.

-Tranquilízate, mujer, ¿qué pasa?- dije yo entrando, ella estaba agachada mirando dentro del horno y cuando se levantó, su cara era tan roja que yo ya no sabía si era por el calor del horno o por el subidón de adrenalina…

-No lo comprendo, ¡has puesto berenjena en la pizza! ¿Eres tonto?- estaba realmente indignada e incluso ofendida, en su voz sonaron las lagrimas.

Antes de que ella abriese la boca para seguir, puse los auriculares en los oídos y me fui al dormitorio, no me iba contar nada que yo no supiese ya de mí mismo, “Eres tal… eres cual… nadie me valora…nadie me quiere”… en fin, era muy mal marido, ya lo tenía asumido. Lo gracioso de todo esto era que ya no parecía afectarme.  Mi vida era pura inercia, casi sin emociones, todo me daba igual, o eso creía yo…

La puerta del ascensor se abrió con dificultad, por un momento me pareció que me iba a quedar atrapado ahí…

El día acababa de nacer, pero yo ya estaba cansado y saturado… “¿Hasta dónde puede llegar esta mujer en su enfado?” -pensé.  Ya no sabía cómo actuar con ella, intentaba simplemente pasar, ¿pero como puedes pasar de tantos portazos por nada? ya es que no sabía ni dónde ni cómo sentarme en casa para que no le provoque el ataque de ira. A veces tenía ganas de que se arreglase todo, incluso estaba seguro de que intenté hacer algo al respecto, pero cuando no sabes por dónde tirar, el final siempre resulta muy decepcionante, porque nunca sale bien. Pues, nuestra relación era igual, frustración absoluta, por mucho que intentaba o creía que estaba intentando, no la hacía feliz… pero era la madre de mi hija…y por lo tanto… es lo que hay…y en fin…así viven todos.

“¿Es lo que hay?”- con este pensamiento salí  a la calle. Era tan temprano que la urbanización estaba todavía a oscuras, solo algunas luces a lo lejos alumbraban los coches encima de la acera. Me paré un segundo intentando recordar donde había dejado el coche y exactamente en ese instante la vi. Ya había visto a esta mujer un par de veces, pero siempre desde lejos, sin embargo, me había fijado en ella…

La luz del portal, aunque era muy tenue, me ha permitido por un momento ver su rostro, solo por un segundo, pero suficiente como para dejar la sensación de satisfacción de ver una mujer atractiva. Era alta, morena y llevaba un vestido verde agua hasta las rodillas dejando al descubierto sus piernas, largas y muy finas.

Ella salió del portal de al lado, dijo “¡Hola!”  y se fue corriendo,  esquivando los coches mal aparcados e intentando mantenerse en la parte de la carretera que tenía farolas.

La volví a ver cuándo ya salía de la urbanización. Ella andaba muy rápido, estaba casi corriendo y eso que la cuesta era muy inclinada.

Paré el coche y de repente, sorprendiéndome  hasta a mí mismo, le pregunté si le podía ayudar y acercarla, aunque sea a la parada del autobús.

A veces hacemos cosas como estas, tan impropias para nosotros mismos, aparentemente tan extrañas, como la que yo acababa de hacer.

-No lo conozco, – dijo ella – no, gracias, mejor que no… – e intentó seguir.

– Somos vecinos de la urbanización, me acaba de saludar…no se preocupe, es que como veo que tiene tanta prisa, – no sabía cómo convencerla,  la expresión de sus ojos era una mezcla de miedo y sorpresa.

Ella paró al lado de una farola, me recordaba a una gata o más bien una pantera, quieta, pero tensa y alerta, algo angustiada. Estaba justo en el centro del círculo de la luz, parecía que estaba encima de un escenario… Mi mirada sin querer se paraba en los detalles de su figura: el cinturón blanco resaltando con el verde del vestido y señalando su cintura, los hombros,  el escote suficientemente profundo como para poder terminar con mi imaginación el dibujo de la mujer que estaba delante.

De repente ella tomó la decisión,

-¿Puede acercarme hasta la siguiente parada? Que de ahí salen más autobuses.

-Por supuesto- le sonreí.

Mientras ella se montaba en el coche no paraba de hablar, explicándome que no podía llegar tarde al trabajo de ningún modo, porque tenía las llaves del negocio. Se notaba que estaba algo incómoda y creo que estaba intentando excusarse a sí misma por haber subido al coche de un casi desconocido.

Yo no la escuchaba, solo la miraba… y su atractivo para mí era tan evidente como a la vez sorprendente.

Ahora pude ver su cara, tenía los rasgos muy pronunciados, brillantes ojos negros, muy expresivos, la nariz un poco grande y unos labios preciosos que parecían dibujados, muy carnosos y de un rojo tan oscuro que hacia dudar si era el carmín o el color de su boca. Tenía pelo negro, o así me pareció por la oscuridad de la mañana, un poco ondulado y despeinado, lo tenía tan corto que no podía no fijarme en su cuello, no sé por qué, pero la visión de este frágil cuello me provocó un amago de ternura, intenté imaginarla con el pelo largo y casi me quedé sin respiración. Ella seguía hablando, intentando mirarme directamente a los ojos, lo cual era muy difícil, ya que yo estaba conduciendo, pero cada vez que yo giraba la cabeza hacía ella, me encontraba con su mirada clavada en mí. Esa mirada suya, muy segura y profunda era tan desacorde con todo su comportamiento que me puse nervioso, sentí como se humedecían mis manos agarradas al volante, como si estuviera conduciendo por primera vez. Sentí mi estómago encogerse y mi corazón en la garganta, pensé que bien, que ella habla sin parar, apenas pidiendo respuestas a sus preguntas, porque yo no sería capaz de pronunciar ni una palabra, mi boca estaba seca. Ya me daba igual llegar tarde al trabajo, solo quería que todos los semáforos por el camino se pusiesen en rojo. Pensé en la edad que podría tener esta mujer, parecía joven, pero sin embargo, por lo que estaba contando, tenía que ser de la misma quinta. Ella ya estaba relatando algo sobre sus hijos y entendí que está criándolos sola. Su voz, un poco grave, y su olor a lilas han inundado mi coche, pero… ¡Dios! No quería que esto acabase. “Pero es que no dice nada especial, nada… ¿Por qué entonces, por qué?” Era ilógico, poco creíble, pero estaba viviendo un “déjà vu”.

 “Bueno, vale, la vi en la urbe”-pensé intentando encontrar una explicación razonable a todo…“¿pero y su voz?” la sensación de haber escuchado y de haber hablado ya con ella, no desaparecía, al contrario, iba a más, sentía como si ella ya fuese parte de mi vida y como si ésta no fuera la primera vez que nos  hubiéramos visto. Era imposible,  pero la seguridad que ella me es conocida cada vez más se consolidaba dentro de mí, en contra de cualquier razonamiento que pudiera haber. Me pareció tan cercana su manera de girar la cabeza,  de levantar su mano quitando el mechón de la frente y así dejar su cara totalmente al descubierto, como si estuviera diciendo “así soy yo, no hay nada más”…

¡Yo ya había visto estos gestos! ¡Ya la había sentido antes! … “¿Qué está pasando?’” – pensé – “¡Me estoy volviendo loco!”

Cuando llegamos a la parada yo estaba al borde de los nervios. Ella me miró de nuevo muy fijamente cómo si quisiera averiguar algo y abrió la puerta:

-Gracias por acercarme.

-¿Tomamos un café, algún día?- intenté pararla en el último instante.

Después de una pausa, parecía que se estaba armando de valor, soltó la pregunta expirando con fuerza:

-¿Estas casado?

-… Si…- tarde un segundo en responderle, pero le dije la verdad.

-Pues, ¡no! Yo no salgo con hombres casados, – y se fue corriendo al autobús que acababa de llegar a la parada.

El silencio que cayó sobre mí en el momento de ella irse, me pareció mi enemigo y a la vez mi salvador,  tendría que intentar aclarar mis sentimientos y necesitaba aquel silencio. Estaba sentado con las manos puestas en el volante y sin querer arrancar el coche. Empecé respirar muy profundo intentando tranquilizarme, me asustaba la sensación de que algo importante acababa de ocurrir. Ansiaba librarme de esta inquietud, quería y tenía que comprender: ¿qué es lo que acababa de pasar?, ¿por qué yo no quería moverme de aquella parada? y lo que de verdad deseaba es mandar a todo y todos a…tomar viento. ¿Por qué ?y ¿por qué tenía tantas ganas de que el autobús que se la llevó se estropeara y me  la trajera de vuelta?…

Miré el reloj, “ahora sí que llego tarde”- entendí, pero me daba lo mismo, no quería moverme.

Abrí la ventana y encendí un cigarrillo y de repente me vino un recuerdo a la mente…

Me vi a mi mismo con unos quince o dieciséis años tumbado en la orilla del rio del pueblecito donde yo crecí, me vi leyendo un libro y recordé esa sensación cuando estas totalmente metido en el papel del protagonista hasta el punto de que ya no sabes en que mundo estas…

Me vi a mí mismo en ese día con el libro ya cerrado encima de mis rodillas.

Me vi a mí mismo mirando al horizonte, soñando con la mujer a la que acababa de salvar el protagonista. Recordé el asombro que causó en mi aquella mujer, recordé el temblor que recorría mi cuerpo cuando página tras página se determinaba el dibujo y se tomaba la forma casi real de una mujer que era para mí y solo para mí, estaba recordando como la describía el autor del libro, lo veía tan claro: como hablaba cuando giraba la cabeza, como se abrazaba a sí misma en un intento de esconderse, como se encendía su cuerpo en el deseo a pertenecer al hombre, a su hombre… Me estaba acordando de mi mismo.

También recordé la decisión que se formó en ese día… estaba seguro de que iba a buscar a esta mujer, que era ella o nadie. No tenía duda de que ella existía y creía sinceramente que no me rendiría nunca en esta búsqueda. Lo creía entonces, hace muchos años y ya no sabría decir en que momento deje de creer y deje de buscarla…

¿O no? ¿O no he dejado nunca intentar verla en todas las mujeres que han pasado por mi vida?

Pensé que ya no importa. Con este recuerdo todo se aclaraba. Era la pieza del puzzle que faltaba.

Todavía quedaba su olor en el coche… todavía quedaba algo de ella, de la mujer de mis sueños.

Era ella, exactamente tal y como la imaginé.

Miré a la parada vacía, el autobús se fue hace ya un rato, yo empecé a respirar de nuevo a pleno pecho, algo ha cambiado en mí y no había vuelta atrás, quizás estaba volviendo a ser quien era… y sabía que no volvería a perderme nunca más.

“¡Joder! Has roto todos mis esquemas”- le seguía hablando en su cabeza…

…Si alguien me preguntara ¿si yo tuve una premonición que aquel,  iba a ser el día que cambiaría mi vida? Le diría que no, no la tuve, pero así ocurrió…

Reflexiones

¡Tengo que dar vida a mi imaginación!

-¡Tengo que dar vida a mi imaginación! – dijo mi hija. 
Y de repente todo se puso en su sitio.
Yo, que soy adulta, no sabría definir mejor esta necesidad imperativa de escribir que existe en mi. 
Una necesidad que la he tenido desde pequeña. 
He escrito 
diarioscuentospoesíasreflexiones… nunca las enseñé a nadie. 
Hace muchos años mi hermana rescato del cubo de basura mi viejo cuaderno con mis 
poesías infantiles y adolescentes. Ella estaba orgullosa de mi. Yo a cambio me avergonzaba de ello, no creía que lo estaba haciendo bien, o que podría ser interesante para alguien más a parte de mi, pero a la vez no podía dejar de escribir… Después llegó el internet y la posibilidad de publicar sin ser reconocida. 
Después en mi vida han aparecido amigos de verdad a los que pude descubrir un poco mi verdadero YO. Y después llego mi 
Amor verdadero que definitivamente me dio el impulso que necesitaba y con quien me siento yo misma, y ya no tengo nada que esconder. Me trajo paz a mi vida y entendí que puedo escribir no solo cuando estoy mal, sino siendo feliz también. 
Y ahora mi hija me dio la respuesta al “porque”: ¿porque no puedo vivir sin escribir? 
Y a la vez me ayudó con el comienzo de esta nueva etapa de mi vida, darme a conocer, mostrarme tal como soy, sin miedo y sin vergüenza, compartir con el mundo lo que siento, lo que pienso, lo que he vivido y lo que viviré.